miércoles, 12 de marzo de 2008
El vicio de coleccionar
Esta mañana he abierto el correo y me he encontrado con un mensaje de El hombre invisible, o señor Ubé. Me dice que le han gustado unas fotos que le envié ayer (de hecho las ha puesto en su blog) con nombres curiosos de algunas calles o pueblos de España para alimentar su colección de topónimos. La verdad es que me ha hecho ilusión que le hayan gustado, será porque yo también colecciono un montón de cosas, aparte de sellos, como ya saben. Pero que conste que las cosas que guardo no son caras, ¿eh? Son marcapáginas, posavasos, calendarios pequeñitos, décimos de lotería (no premiados, claro), botellas de cristal... Creo que ya es casi un vicio esto de ir reuniendo cosas a lo largo de toda una vida. Espero que cuando sea más mayor no sufra algo parecido a ese síndrome de Diógenes...
martes, 11 de marzo de 2008
Mi cafetera y yo
Alguna vez habré comentado que sin café no soy persona, así que todos las tardes me tomo mi café con una galletita. Ese café lo hago en una cafetera de dos tazas que ya tiene muchos años y a la que le tengo mucho cariño. Pues bien, de tanto darle golpes al embudito para tirar los restos del café se me ha abollado y cada vez que hacía un café nuevo se salía el agua por los bordes de la cafetera. Busqué durante unos dos meses un embudito nuevo y en las tiendas me decían que esa cafetera no existía (¿?). Por fin lo encontré en Ayamonte, nada más y nada menos. Qué contenta. Probé con mi nuevo embudo contemplando con los codos apoyados en la encimera cómo salía mi cafetito, pero la cafetera seguía perdiendo agua. Pensé que era la gomita que lleva junto al filtro, y le compré varias nuevas. Mi gozo en un pozo, también perdía agua. Ayer le compré un filtro nuevo, ya desesperada, y lo coloqué con la gomita y el embudito, cerré la cafetera con el mayor mimo posible y, ¿saben?, sigue perdiendo agua. Al final me tendré que comprar una cafetera nueva y desechar la que tengo, y es que no hay otra cosa peor que encariñarse con estas cosas...
lunes, 10 de marzo de 2008
Vísteme despacio, que tengo prisa
Vísteme despacio, que tengo prisa decía algún que otro protagonista de la Historia. Bien, pues eso es lo que he tenido que hacer esta mañana que, por ser lunes, se me han pegado las sábanas y he llegado al trabajo justo a las ocho para fichar (siempre llego antes). Y basta que tengas prisa para que todo vaya más despacio: el semáforo se pone rojo justo cuando llegas a él, delante tienes a un novato o novata que va como las tortugas, cuando lo adelantas te encuentras con otro coche que va a girar a la izquierda y debe dejar paso al que viene de frente... Pero por fin he llegado y hasta en el cuartelillo, donde recojo las llaves de la biblioteca, se han sorprendido de que llegase a las ocho, ¿será posible? Así que, cuando me he sentado en mi silla, he pensado, ¿merece la pena este estrés por no llegar dos minutos tarde? Pero creo que ese es uno de mis principales defectos, la puntualidad.
domingo, 9 de marzo de 2008
Día de elecciones
Por fin llegó del día 9 de marzo y no lo digo porque esté deseando ver quién gana las elecciones o saber si uno llegará a tener más escaños o menos que el otro en comparación con el 2004. Tampoco lo digo porque esté nerviosa para ir a votar (no tengo ninguna prisa, ya lo haré esta tarde). Si quería que llegase este día es porque por fin ya se terminaron lo mítines, los spots publicitarios de un partido o de otro, los debates cara a cara... Y, por supuesto, me gusta el día de hoy porque siempre que hay elecciones me divierte escuchar las anécdotas que ocurren en los colegios electorales: una señora que aparece en el censo como fallecida, un señor que lleva la fotocopia del DNI para no perderlo, una mujer embarazada que rompe aguas justo cuando va a votar... Veremos cuales han sido las anécdotas de hoy.
viernes, 7 de marzo de 2008
Detectives privados
Muchos pueden pensar que el trabajo de un bibliotecario en un pueblo es rutinario y aburrido pues parece que sólo estamos aquí para mandar callar como las ollas express, chis, chis, chis... o dar y recoger libros. Pues no es así. A veces nos encargan que hagamos algún trabajito de rastreo (muy parecido al de los detectives privados) para localizar datos, teléfonos, direcciones, precios de libros... Esto último es lo que me han pedido que haga ahora, buscar cuánto valen algunos libros de tirada muy, muy limitada y que sólo están al alcance de unos pocos bibliófilos. Ya he podido localizar el precio de dos de ellos pero me quedan otros dos, que se me están resistiendo un poco. Pero como a mí me gustan las cosas difíciles no me voy a rendir y encontraré esos precios como y donde sea. ¿Les parece esta una profesión aburrida?
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