miércoles, 19 de marzo de 2008
Merecidas vacaciones
Hoy es el último día de trabajo para muchos y por fin comienzan las necesarias y merecidas vacaciones. Aquí, en Azuaga, también es fiesta el lunes así que tenemos cinco días por delante sin horarios y sin estrés. La verdad es que debería quedarme en casa y poner orden en algunas cosas que se van acumulando día tras día o hacer algún que otro arreglo. Pero no. Saldré de Azuaga y, como todos, intentaré descansar, dormir, pasear, leer...
martes, 18 de marzo de 2008
Mi ordenador enfermo
El tema de hoy no es que sea una chispa de la mañana, desde luego que no. Resulta que el ordenador de mi casa lleva unos días haciendo cosas raras como, por ejemplo, no responder a algunas órdenes, no cerrarse correctamente, aparecen miles de páginas de publicidad con tan solo tener abierto el correo electrónico... Esta mañana le he preguntado al informático del ayuntamiento qué problema puede tener con solo dos años y me ha contestado que eso son virus, que hay que formatearlo entero. Me he quedado de piedra. Sólo he pensado en el anuario, en la revista, en los correos electrónicos..., en todo lo que tengo ahí. Pero como hay que ser positivo (para nada sirve lamentarse) me he hecho a la idea de que cuando lo formatee va a ser como si me comprase un ordenador nuevo, que seguro que irá más rápido y con programas más modernos. Por supuesto, esta tarde comenzaré a hacer copias de seguridad de todos los archivos...
lunes, 17 de marzo de 2008
Apuntógrafos
Los bibliotecarios sabemos muy bien quiénes son los apuntógrafos. Se trata de grupos de jóvenes universitarios que acuden a la biblioteca, sobre todo en vacaciones, con sus apuntes, folios de papel reciclado para escribir en sucio, rotuladores fluorescentes de todos los colores y modelos, y ya hasta con el ordenador portátil. La biblioteca se llena y tú debes tener cuidado con ni siquiera estornudar, porque se desconcentran. Pero eso sí, que no les llamen al móvil porque salen escaleras arriba a toda velocidad haciendo el ruido que sea necesario, o que no venga el colega de turno a saludar porque, tío, cuánto tiempo sin verse... Hoy comienza a llegar esta juventud a ocupar mesas y sillas y lo primero que se encuentran es una bibliotecaria carroza de 40 años, así que ¿para qué dar los buenos días? Pues no, mire usted. Lo primero que pregunto a este personal cuando entran "sin verme" es si es que no abulto. Ellos se sorprenden y al final sonríen entendiendo que lo que quiero es que me den los buenos días. Y me los dan. Luego les digo que ese trasiego que se traen de salir a fumar el cigarrito, entrar, salir otra vez para tomar café, entrar, volver a salir para echar el ratito con el amigo, entrar de nuevo... No, no, no, señores. Ustedes entran ya desayunados, con el cigarro fumado y los amigos más que saludados. Así que hasta hora y media después no se vuelve a salir para descansar. Esto es lo que hago, un cuadrante de entradas y salidas y, ¿saben?, los apuntógrafos lo agradecen, me dan los buenos días y hasta me piden que les controle, ¿qué les parece?
domingo, 16 de marzo de 2008
Un bulto negro
Anoche mi hija actuó en una obra de teatro titulada Un bulto negro. Ella hacía de mexicana, testigo de un robo de cerdos. Era una obra muy graciosa y el público se rió muchísimo. Me sorprendió verla actuando porque nunca me imaginaba que con su timidez fuera capaz de ponerse ante un montón de gente en un escenario y hablar sin un solo titubeo, y con tanta tranquilidad... Creo que yo no podría hacer eso nunca por lo que admiro que ella, con once años, sí lo haya hecho y, encima, esté esta mañana tan feliz y tan contenta por su actuación deseando volver a repetir la experiencia.
viernes, 14 de marzo de 2008
Regalo de cumpleaños
Mi hermana, que es enfermera, está haciendo un curso larguísimo de diabetes y no sólo está aprendiendo ella sino que también nos da charlas y sermones a toda la familia sobre los peligros de la obesidad: que si hay que andar por lo menos 40 minutos al día, que si hay que beber mucha agua, que si no se deben comer muchas grasas... Pues bien, como yo tengo un marido más bien rellenete, quien le da el sermón soy yo. Ayer, por fin, lo convencí para que fuéramos a dar un paseo y así haría ejercicio, pero no se me ocurrió otra cosa que llevarlo por un camino con un montón de cuestas. Creí que mi marido no llegaba a casa. Incluso quería que yo fuese a por el coche y lo recogiera a mitad de camino. Hoy es su cumpleaños y como regalo le daré otro sermón sobre salud para que sienta cierto cargo de conciencia por sus michelincillos y así conseguir que hoy demos otro largo paseo... Qué mala soy ¿verdad?
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