Si con la broma del licor de zarzamora salvaje algunos pensaron que éramos muy malos, con lo que hicimos el viernes pasado ya no tenemos nombre. Vino Agustín, de Fuengirola, y acordamos llevar cada uno un licor diferente al bar donde nos reunimos siempre. Antes, y por e-mail, quedamos en que había que hacerle beber a Agustín hasta verlo un poco alegre (por no decir otra cosa). Al final la única que llevó el licor fue Marta. Era un licor de orujo puro. Ya en el bar, y sin que todavía hubiera llegado Agustín, ideamos entre todas (Marta, Emilita, Deli y yo) cómo podríamos llevar a cabo un juego (el de los chinos creo que se llama) para que siempre perdiese Agustín y le tocase beber continuamente una copita de orujo. Cuando llegó comenzamos a jugar pero como a veces perdíamos nosotras lo que hicimos (bueno, lo que hizo Marta) es hablar con el camarero que nos servía para decirle que si perdía Agustín que le echase orujo y si perdíamos alguna de nosotras que nos echase agua. Y así lo hizo. Como el licor era muy transparente, Agustín no se daba ni cuenta, incluso hacíamos gestos de desagrado cada vez que nos tocaba beber el "licorcito". Creo que de la risa casi llorábamos. Agustín no hacía otra cosa que sorprenderse de lo que cundía esa botella, que nunca bajada el nivel. Incluso para terminar con el juego propusimos que todos teníamos que beber a la vez una copita de orujo pero, claro, el único que bebía licor era Agustín y las demás agüita fresca... No quiero pensar qué pasará hoy cuando Agustín lea esto y sepa la verdad.
lunes, 9 de junio de 2008
viernes, 6 de junio de 2008
Llamadas con número privado
Casi todos los días me despierta de mi siesta una llamada telefónica con número privado. Siempre lo cojo y escucho la voz del hispanoamericano o la hispanoamericana que me "regala" tal o cual producto si llamo a un teléfono que me indican, o para que cambie a otro operador telefónico que me da el oro y el moro, o para que me pase por una entidad bancaria porque me mostrarán la oferta de mi vida, o para ver si a cierta hora y cierto día voy a estar en casa porque vendrán a visitarme para "regalarme" un libro, un cojín, o no sé cuántas cosas. En fin, que ya me harté y lo que hago es descolgar y colgar el teléfono sin contestar. Sé que es una falta de educación pero también cuando tú les dices que no a todo lo que te ofrecen, ellos casi no te dejan hablar, y ni te escuchan. Así que la única solución que se me ocurrió era colgar sin decir ni dígame. Pero no escarmientan y siguen dándome mi siesta. Así que hoy creo que voy a descolgar el teléfono de 4 a 5.30 para dormir sin un solo ruido y sin escuchar ninguna de esas superofertas...
jueves, 5 de junio de 2008
En la variedad está el gusto
Hace unos días que sólo ceno fruta, pero no una manzanita o una pera y ya está, no. Ahora me ha dado por mezclar cosas, es decir, hacer una especie de macedonia. Yo, que no tomo fruta casi nunca, por no decir nunca, ahora compro manzanas, peras, fresas, sandía, ciruelas, kiwis... Y como las manzanas no me gustan mucho las hago zumo con la licuadora. Así que cada noche, en un cuenco, hago una mezcla diferente, y está buenísima. Se tarda bastante en trocear y demás pero merece la pena y se lo recomiendo. Además, ¿no dicen que la fruta es buena para la salud? Esta noche toca piña, fresas, kiwi y zumo de naranja. Ummm...
miércoles, 4 de junio de 2008
Curso en Villafranca
Dentro de un ratito me voy a Villafranca de los Barros, un pueblo que está a 80 km de aquí. Allí asistiré a un curso para bibliotecarios en el que nos darán algunas pautas para llevar a cabo actividades de animación a la lectura gracias a un convenio entre la Diputación y la fundación Germán Sánchez Ruipérez. Me hace ilusión este curso porque tengo ganas de ver a mi amiga Flori (de Peñaranda de Bracamonte), a Isidoro (mi jefe técnico) y a algunos de mis compañeros que hace tiempo que no veo, aunque no sé muy bien ni quienes ni cuántos vamos. Además, también me servirá para desconectar un poco de la rutina diaria...
martes, 3 de junio de 2008
Más valor que el alcoyano
A mí siempre me ha gustado muchísimo conducir. De hecho, cuando me saqué el carné con 18 años, recuerdo que ese día fui la mujer más feliz de la tierra. Y más tarde, cuando me compré mi primer coche y venía e iba sola a Madrid los fines de semana me encantaba. Creo que esa afición la ha heredado mi hija, a la que hace tiempo que enseñé a conducir en el campo (pero sin pasar de segunda, ¿eh?). El domingo por la tarde estuvimos las dos otra vez haciendo prácticas con el coche, y lo hace muy bien, pero se ha enganchado de tal manera que no deja de darme la lata porque quiere volver a conducir. He de decir que no sé si será porque a mí me gusta mucho pero me alegro de que mi hija, con 11 años, tenga ese interés por aprender a manejar un coche, aunque reconozco que tengo más valor que el alcoyano...
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