lunes, 10 de marzo de 2008
Vísteme despacio, que tengo prisa
Vísteme despacio, que tengo prisa decía algún que otro protagonista de la Historia. Bien, pues eso es lo que he tenido que hacer esta mañana que, por ser lunes, se me han pegado las sábanas y he llegado al trabajo justo a las ocho para fichar (siempre llego antes). Y basta que tengas prisa para que todo vaya más despacio: el semáforo se pone rojo justo cuando llegas a él, delante tienes a un novato o novata que va como las tortugas, cuando lo adelantas te encuentras con otro coche que va a girar a la izquierda y debe dejar paso al que viene de frente... Pero por fin he llegado y hasta en el cuartelillo, donde recojo las llaves de la biblioteca, se han sorprendido de que llegase a las ocho, ¿será posible? Así que, cuando me he sentado en mi silla, he pensado, ¿merece la pena este estrés por no llegar dos minutos tarde? Pero creo que ese es uno de mis principales defectos, la puntualidad.
domingo, 9 de marzo de 2008
Día de elecciones
Por fin llegó del día 9 de marzo y no lo digo porque esté deseando ver quién gana las elecciones o saber si uno llegará a tener más escaños o menos que el otro en comparación con el 2004. Tampoco lo digo porque esté nerviosa para ir a votar (no tengo ninguna prisa, ya lo haré esta tarde). Si quería que llegase este día es porque por fin ya se terminaron lo mítines, los spots publicitarios de un partido o de otro, los debates cara a cara... Y, por supuesto, me gusta el día de hoy porque siempre que hay elecciones me divierte escuchar las anécdotas que ocurren en los colegios electorales: una señora que aparece en el censo como fallecida, un señor que lleva la fotocopia del DNI para no perderlo, una mujer embarazada que rompe aguas justo cuando va a votar... Veremos cuales han sido las anécdotas de hoy.
viernes, 7 de marzo de 2008
Detectives privados
Muchos pueden pensar que el trabajo de un bibliotecario en un pueblo es rutinario y aburrido pues parece que sólo estamos aquí para mandar callar como las ollas express, chis, chis, chis... o dar y recoger libros. Pues no es así. A veces nos encargan que hagamos algún trabajito de rastreo (muy parecido al de los detectives privados) para localizar datos, teléfonos, direcciones, precios de libros... Esto último es lo que me han pedido que haga ahora, buscar cuánto valen algunos libros de tirada muy, muy limitada y que sólo están al alcance de unos pocos bibliófilos. Ya he podido localizar el precio de dos de ellos pero me quedan otros dos, que se me están resistiendo un poco. Pero como a mí me gustan las cosas difíciles no me voy a rendir y encontraré esos precios como y donde sea. ¿Les parece esta una profesión aburrida?
jueves, 6 de marzo de 2008
Silla pintada
Hoy, cuando he llegado a la biblioteca, me he encontrado una silla con la palabra lobo escrita con tipex. Seguro que ha sido un niño o una niña la que lo ha hecho. Pero no crean que es sólo la silla la que está pintada. También está la pared de la sección infantil, que desde hace mucho tiempo se ha convertido en el auténtico diario escrito de la juventud (se pueden leer los amores y desamores de cada uno). Y lo malo es que se debe tener cuidado con reñir a estos niños porque detrás están papá y mamá. Me acuerdo que una vez un grupo de niños quitaron la manilla de una puerta. Yo logré coger a uno de ellos antes de que se escapase y le dije que la manilla tenía que aparecer lo antes posible o lo llevaría a los municipales. Al cabo de media hora llegó su madre con un séquito de vecinas y niños para insultarme (me dijo de todo lo que puedan ustedes imaginar) y a reñirme por el trauma psicológico que le había causado a su hijo con la amenaza de los municipales. Desde entonces no me he metido con ningún niño...
miércoles, 5 de marzo de 2008
Las obras del acerado
Ya hace casi dos meses que comenzaron las obras para cambiar el acerado de mi calle. No se imaginan lo que es entrar en mi casa dando saltos y salvando todo tipo de obstáculos (tablas para no pisar el hormigón, arquetas y registros de la luz que sobresalen del suelo sin baldosas, bordillos desnivelados...). Vaya, que es como entrar en una especie de cortijo pero en plan cutre. Y no hablemos del espisodio que se debe montar para entrar y sacar el coche de la cochera. Hay que colocar unas cuñas de hierro justo en el lugar por donde pasan las ruedas porque si no aciertas ya sabes que, por muy despacio que vayas, no te libras del golpecito. Muchas noches se ha quedado fuera por no complicarme la vida. Pero hoy, por fin, parece que los albañiles llegarán a mi puerta, pondrán el acerado y todo volverá a ser como antes. Es curioso cómo hasta que no nos faltan cosas que parecen tan simples como las baldosas de la calle no nos damos cuenta de lo imprescindibles que son...
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