domingo, 16 de marzo de 2008

Un bulto negro

Anoche mi hija actuó en una obra de teatro titulada Un bulto negro. Ella hacía de mexicana, testigo de un robo de cerdos. Era una obra muy graciosa y el público se rió muchísimo. Me sorprendió verla actuando porque nunca me imaginaba que con su timidez fuera capaz de ponerse ante un montón de gente en un escenario y hablar sin un solo titubeo, y con tanta tranquilidad... Creo que yo no podría hacer eso nunca por lo que admiro que ella, con once años, sí lo haya hecho y, encima, esté esta mañana tan feliz y tan contenta por su actuación deseando volver a repetir la experiencia.

viernes, 14 de marzo de 2008

Regalo de cumpleaños

Mi hermana, que es enfermera, está haciendo un curso larguísimo de diabetes y no sólo está aprendiendo ella sino que también nos da charlas y sermones a toda la familia sobre los peligros de la obesidad: que si hay que andar por lo menos 40 minutos al día, que si hay que beber mucha agua, que si no se deben comer muchas grasas... Pues bien, como yo tengo un marido más bien rellenete, quien le da el sermón soy yo. Ayer, por fin, lo convencí para que fuéramos a dar un paseo y así haría ejercicio, pero no se me ocurrió otra cosa que llevarlo por un camino con un montón de cuestas. Creí que mi marido no llegaba a casa. Incluso quería que yo fuese a por el coche y lo recogiera a mitad de camino. Hoy es su cumpleaños y como regalo le daré otro sermón sobre salud para que sienta cierto cargo de conciencia por sus michelincillos y así conseguir que hoy demos otro largo paseo... Qué mala soy ¿verdad?

jueves, 13 de marzo de 2008

Internet en la biblio

Hace más de un año que instalaron en la biblioteca cuatro ordenadores con acceso a internet para uso público. Estos ordenadores han supuesto la felicidad de los jóvenes y los niños que, como todo está en "el intené", ya no se esfuerzan en buscar en las enciclopedias, diccionarios, atlas, etc., obras estas que a ojos de la juventud pertencen al Pleistoceno. Pero no sólo los jóvenes vieron el cielo abierto con los ordenadores. Los más mayores, ya adultos, también vienen a pasar horas y horas delante de la pantalla y no exactamente para consultar el correo o buscar información para algún trabajo. Yo, al igual que otros usuarios, puedo ver lo que están mirando porque los ordenadores los tengo a mi derecha y no a mucha distancia, pero ellos no se cortan (que conste que a mí me da igual lo que hagan pero me siento molesta por el resto de usuarios que sí están algo incómodos). Por supuesto que si hubiera niños delante ya les habría llamado la atención pero como son muy listos sólo vienen por las mañanas, que no hay niños. Esta es una especie de lacra que tengo con estas personas a las que no sé si decirles algo o no, o cómo decirles que los ordenadores no están para eso, y que nos les siente mal o me digan que para eso la biblioteca es pública... ¿Alguna sugerencia?

miércoles, 12 de marzo de 2008

El vicio de coleccionar

Esta mañana he abierto el correo y me he encontrado con un mensaje de El hombre invisible, o señor Ubé. Me dice que le han gustado unas fotos que le envié ayer (de hecho las ha puesto en su blog) con nombres curiosos de algunas calles o pueblos de España para alimentar su colección de topónimos. La verdad es que me ha hecho ilusión que le hayan gustado, será porque yo también colecciono un montón de cosas, aparte de sellos, como ya saben. Pero que conste que las cosas que guardo no son caras, ¿eh? Son marcapáginas, posavasos, calendarios pequeñitos, décimos de lotería (no premiados, claro), botellas de cristal... Creo que ya es casi un vicio esto de ir reuniendo cosas a lo largo de toda una vida. Espero que cuando sea más mayor no sufra algo parecido a ese síndrome de Diógenes...

martes, 11 de marzo de 2008

Mi cafetera y yo

Alguna vez habré comentado que sin café no soy persona, así que todos las tardes me tomo mi café con una galletita. Ese café lo hago en una cafetera de dos tazas que ya tiene muchos años y a la que le tengo mucho cariño. Pues bien, de tanto darle golpes al embudito para tirar los restos del café se me ha abollado y cada vez que hacía un café nuevo se salía el agua por los bordes de la cafetera. Busqué durante unos dos meses un embudito nuevo y en las tiendas me decían que esa cafetera no existía (¿?). Por fin lo encontré en Ayamonte, nada más y nada menos. Qué contenta. Probé con mi nuevo embudo contemplando con los codos apoyados en la encimera cómo salía mi cafetito, pero la cafetera seguía perdiendo agua. Pensé que era la gomita que lleva junto al filtro, y le compré varias nuevas. Mi gozo en un pozo, también perdía agua. Ayer le compré un filtro nuevo, ya desesperada, y lo coloqué con la gomita y el embudito, cerré la cafetera con el mayor mimo posible y, ¿saben?, sigue perdiendo agua. Al final me tendré que comprar una cafetera nueva y desechar la que tengo, y es que no hay otra cosa peor que encariñarse con estas cosas...