domingo, 20 de abril de 2008

Mi suerte en los concursos

Como ya saben todos los fines de semana intento escuchar el programa de Pepa Fernández. Es como una costumbre, levantarme y poner la radio para escuchar, y también "participar" en No es un día cualquiera. Digo lo de "participar" porque últimamente escribo bastante para concursar en El musiquero, en localizar el error en alguna canción, en los epitafios de Nieves Concostrina... Participo porque me hace ilusión, desde luego, pero nunca me toca nada. La verdad es que nunca me ha tocado nada, sólo una cesta de Navidad bastante cutre hace no sé cuántos años. Pero en el programa de Pepa Fernández mira que pongo interés y hasta ingenio, y nada. En fin, me conformaré pensando que por lo menos acierto el error o el intérprete de la canción. Algo es algo.

viernes, 18 de abril de 2008

Mi maceta

Esta noche ha llovido en Azuaga, qué bien. El agua siempre es bienvenida. Cuando he visto que puede seguir lloviendo me he acordado de mi madre, que saca las macetas al patio para que se rieguen (digo yo...). En mi casa no tengo macetas, bueno, sí, tengo una de plástico porque me da mucha pena que se me mueran. Pero mira por donde hace unas semanas mi amiga Anadeli, que es bióloga y le gustan mucho las flores, nos regaló una maceta a toda la pandilla. Me gustó mucho pero reconozco que en mi caso es un cargo así que, para que no se me vaya, todos los días la riego un poquito, le quito las hojas mustias, le hablo, la coloco donde hay más luz..., y hoy la he sacado al patio, como hace mi madre, a ver si se espabila un poco más. Esta maceta es la prueba de fuego: si se me muere con tantos mimos ya sí que no tendré otra maceta en toda mi vida.

jueves, 17 de abril de 2008

La puerta del coche

Para circular por el pueblo tengo un coche pequeñito pero que va muy bien. Hace ya tiempo que la puerta del conductor, mientras está el coche andando, se abre (no del todo ¿eh?) y se queda como si estuviera mal cerrada. Siempre tengo que tirar de ella desde dentro y cerrarla bien. Ya lo llevé al mecánico y éste me hizo una chapucilla para ver si así evitaba cambiar la cerradura. Pero no sirvió de nada. Si antes se abría cada media hora por ejemplo, ahora se abre cada minuto, así que he optado por dejarla medio abierta hasta que vuelva a ir al mecánico para cambiar el aceite y demás. Pues bien, esta mañana estaba yo parada en un semáforo y oigo que me pita el coche que tenía detrás. Miré el semáforo y aún estaba en rojo así que me fijé en el retrovisor y vi que el que me pitaba me hacía gestos avisándome de que tenía la puerta medio abierta. Le he dado las gracias y he tirado de la puerta para cerrarla. Cuando se ha puesto el semáforo en verde he salido muy despacito y casi rezando para que no se abriese la puerta de nuevo y el de atrás me tomase por tonta. Y qué alivio cuando más adelante he tomado una calle distinta a la suya y lo he perdido de vista. Pero, desde luego, esto me sirve para espabilarme y no ser tan dejada con el coche si no quiero que me vuelvan a "llamar la atención" por mi puerta...

miércoles, 16 de abril de 2008

Mi madre y sus compras

Alguna vez habré comentado aquí que la comida no es una de las cosas que más me atraigan, es una pena, ya lo sé. Quizá sea ese el motivo por el que suelo comer muy despacio haciendo que mis padres, que me acompañan en la mesa, se desesperen a veces. Pero es que ellos comen muy rápido así que, para evitar problemas, decidimos que acaben cuando quieran y que me dejen a mí tranquilita y solita, que ya terminaré, quitaré la mesa y fregaré los platos. Todo esto lo cuento porque ayer salí de compras con mi madre y me sorprendió que se parase a comprar una cuchara más grande de lo normal. Cuando le pregunté para qué la quería me contestó que era para mí, a ver si así comía más rápido. Bueno, sin comentarios... Ya les diré si el tamaño de la cuchara influye en la velocidad para comer. No lo creo.

martes, 15 de abril de 2008

Intento de arreglo casero

Hoy, cuando he llegado a la biblioteca, he visto que mi brasero tiene un cable suelto y no funciona. Mientras hay calefacción el brasero no lo necesito mucho pero como soy muy friolera y los radiadores ahora se apagan a las 12, mi braserito es la salvación. He querido hacer de McGuiver ante la mirada de sorpresa de las señoras de la limpieza y con unas tijeras he pelado los cables y he intentado destornillar el tornillo para enrollar esos cables en su sitio. Pero no es tan fácil, señores. El tornillo está corrido y no hay forma de destornillarlo. Sólo da vueltas y vueltas como la cabeza de la niña de El exorcista. Al final he decidido que, en este caso, no sirven mis intentos de arreglos caseros y he tenido que seguir la característica burocracia de la administración: llamar al ayuntamiento para que me pasen con el departamento de obras, esperar con la musiquita, preguntar por el encargado, esperar que se ponga al teléfono, decirle lo que me ha pasado para que avise al electricista y, por supuesto, esperar no sé cuántos días sin mi braserito hasta que este técnico pueda acercarse a arreglarlo. En fin, todo sea por paciencia.