Ya estamos de nuevo en viernes. Normalmente se me pasan las semanas muy rápido pero esta en especial se me ha pasado volando. Esta noche nos volveremos a juntar los amigos y hablaremos de la venganza de Agustín que, señores, ya se ha vengado, y bien vengado, se lo aseguro. Algunos y algunas nos hemos quedado patitiesos. Así que hoy, por ser viernes, porque el protagonista del blog en esta semana ha sido Agustín y porque ya ha cumplido su promesa de vengarse de nosotras, le cedo a él la palabra/chispa para que cuente cuál ha sido esa venganza...
viernes, 13 de junio de 2008
jueves, 12 de junio de 2008
Almas caritativas
Desde luego que vaya impresión que algunos tenéis de mí. Pero si soy una santita con los amigos...
Ya volvimos de Madrid donde el tiempo está más que revuelto. Hacía fresco, calor y hasta llovió. Cuando llegué a Córdoba, a las 11 menos cuarto de la noche cogí el coche para venir a Azuaga y mira por donde había unas obras que me desviaron por un camino que no conocía. No veía la salida para Badajoz por ningún sitio y no hacía más que dar vueltas por el centro (digo yo que sería el centro). Por fin, en un semáforo, le pregunté a un señor que iba en moto que cómo se salía a Badajoz. Este hombre, alma caritativa donde las haya, me dijo que estaba probando su moto recién comprada y que no le importaba sacarme de Córdoba. Así que fui tras él, como escoltada (ya serían más de las 11) y por fin llegué a la Nacional 432. No me dio tiempo a darle las gracias, sólo pude pitarle y hacerle una señal con las luces. Hay que reconocer que en todos sitios hay almas caritativas y si no hubiese sido por esta persona todavía estaría dando vueltas alrededor de la Mezquita.
Ya volvimos de Madrid donde el tiempo está más que revuelto. Hacía fresco, calor y hasta llovió. Cuando llegué a Córdoba, a las 11 menos cuarto de la noche cogí el coche para venir a Azuaga y mira por donde había unas obras que me desviaron por un camino que no conocía. No veía la salida para Badajoz por ningún sitio y no hacía más que dar vueltas por el centro (digo yo que sería el centro). Por fin, en un semáforo, le pregunté a un señor que iba en moto que cómo se salía a Badajoz. Este hombre, alma caritativa donde las haya, me dijo que estaba probando su moto recién comprada y que no le importaba sacarme de Córdoba. Así que fui tras él, como escoltada (ya serían más de las 11) y por fin llegué a la Nacional 432. No me dio tiempo a darle las gracias, sólo pude pitarle y hacerle una señal con las luces. Hay que reconocer que en todos sitios hay almas caritativas y si no hubiese sido por esta persona todavía estaría dando vueltas alrededor de la Mezquita.
miércoles, 11 de junio de 2008
AVE
Dentro de cinco minutos me voy a Córdoba y allí cogeré el AVE que viene de Málaga. Raúl, Salva y yo vamos a Madrid, a trabajar, claro. Me hace mucha ilusión montarme en el AVE por primera vez. Cuando se inauguró y empezó a funcionar en Córdoba quise ir a Madrid en él pero mira por donde ese día no había plaza. En fin, que me enrollo y no tengo tiempo. Que me voy...
martes, 10 de junio de 2008
Sin comida en la despensa
Tras la "tempestad" de ayer en este mi blog hoy toca relajarse y apaciguar un poco los ánimos, auqnue ya ven que están más que apaciguados. Bueno, hoy por fin hace mi hermana el examen final del famoso curso de diabetes, que nos trae locos a toda la familia. Tengo ganas de que termine para que descanse tras un año de puro estrés y también (qué egoista, ya lo sé) porque mis padres se fueron a Cáceres hace más de una semana para ayudarla y para que así pudiera estudiar con más tranquilidad, ¿y saben lo que eso supone? Que yo llego a mi casa y no tengo la mesa puesta, que es a lo que estoy acostumbradita en casa de mis padres. Y eso que mi madre, conociéndome, me dejó bastante comida preparada, pero ya se me ha agotado todo. Así que, por el bien de todos como he dicho, a ver si mi hermana acaba ese curso y volvemos a la normalidad...
lunes, 9 de junio de 2008
Malas no, malísimas
Si con la broma del licor de zarzamora salvaje algunos pensaron que éramos muy malos, con lo que hicimos el viernes pasado ya no tenemos nombre. Vino Agustín, de Fuengirola, y acordamos llevar cada uno un licor diferente al bar donde nos reunimos siempre. Antes, y por e-mail, quedamos en que había que hacerle beber a Agustín hasta verlo un poco alegre (por no decir otra cosa). Al final la única que llevó el licor fue Marta. Era un licor de orujo puro. Ya en el bar, y sin que todavía hubiera llegado Agustín, ideamos entre todas (Marta, Emilita, Deli y yo) cómo podríamos llevar a cabo un juego (el de los chinos creo que se llama) para que siempre perdiese Agustín y le tocase beber continuamente una copita de orujo. Cuando llegó comenzamos a jugar pero como a veces perdíamos nosotras lo que hicimos (bueno, lo que hizo Marta) es hablar con el camarero que nos servía para decirle que si perdía Agustín que le echase orujo y si perdíamos alguna de nosotras que nos echase agua. Y así lo hizo. Como el licor era muy transparente, Agustín no se daba ni cuenta, incluso hacíamos gestos de desagrado cada vez que nos tocaba beber el "licorcito". Creo que de la risa casi llorábamos. Agustín no hacía otra cosa que sorprenderse de lo que cundía esa botella, que nunca bajada el nivel. Incluso para terminar con el juego propusimos que todos teníamos que beber a la vez una copita de orujo pero, claro, el único que bebía licor era Agustín y las demás agüita fresca... No quiero pensar qué pasará hoy cuando Agustín lea esto y sepa la verdad.
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