domingo, 7 de octubre de 2012

Nacho Marina Grimau

Hoy, aunque sea domingo, no puedo escribir una de mis chispas, por lo general optimistas. Hace una semana que murió Nacho Marina Grimau, hermano de mi amigo Luis Marina (no he sido capaz de escribir antes sobre él). Con solo 47 años, se nos ha ido. Nacho era un periodista de esos que sienten su profesión como una vocación y una labor a la que uno ha de dedicarse en cuerpo y alma, desde que era pequeño. De carácter tranquilo, sereno, escuchante en todo momento, sencillo, inteligente, modesto, humilde, educado, Nacho nos ha dejado de manera fulminante, sin darse ni cuenta. Dedicado a escribir como los ángeles en la tierra, seguro que Nacho lo seguirá haciendo como un ángel en el cielo. Mientras, aquí todos lo que de alguna manera u otra hemos tenido relación con él, seguirá viviendo entre nosotros, con esa sonrisa tímida pero sincera que describe perfectamente la personalidad de uno de los mejores periodistas que España ha conocido.

Desde este, mi blog, le dedico el mejor reconocimiento que se le pueda hacer a una persona.


Aquí les dejo su foto. Nacho es el primero empezando por la derecha.

5 comentarios:

marta dijo...

Muchas gracias doctora. Ayer, durante la Misa, pensaba en lo cómo habría descrito Nacho - ganador de todos los premios Larra a los que se presentó- esta tradición española de la misa de difuntos. Estoy segura de que lo habría hecho sin ninguna solemnidad , con íronía y mucha gracia. Sería un texto divertido.Por eso mi sonrisa.
Se que él también sonreirá al leer esto, con esa sonrisa que tú bien calificas de tímida y sincera.

Anónimo dijo...

Gracias Conchi. Nacho tenía una especial afinidad contigo, con tus conversaciones, porque -que me perdone mi mujer- a pesar de ser periodista de profesión era una persona culta, intelectualmente sólida,sabia.
Por aportar algo más, añado que como hermano también era especial;independiente pero entrañable y familiar.Un lujo que, como suele pasar, te das cuenta de su valor cuando te falta.
P.d.: el mejor obsequio que unos a otros nos podemos hacer ahora: rezar po él.

Anónimo dijo...

No puedo por menos que escribir cuatro letras recordando a mi compañero Nacho. Hace muchos, muchísimos años que no coincidía con él, pero lo recuerdo perfectamente de nuestra etapa escolar común en Segovia, en el Colegio Marista. Durante un curso, que no recuerdo exactamente pero que debía ser a finales de la EGB o ya en el BUP, estuvimos como compañeros de mesa, y se entabló entre nosotros una conexión especial, que nos hacía tener conversaciones y diálogos muy interesantes y enriquecedores para un muchacho como yo, él con sus razonamientos, yo con los míos. Quizá sólo fuera ese curso o incluso algún otro (quizá el siguiente estuvimos en diferentes clases), pero eso bastó para conocer a aquel Marina -como le llamábamos en clase- un chaval serio, educado y ya por entonces curioso e interesado por cosas que otros ignoraban (política, etc...).
Cuando te enteras así de que uno de tus amigos de la adolescencia se ha ido, te recorre un escalofrío por las sienes y notas otro golpe más que la vida te da. Conocía "de oidas" la vida profesional de Nacho, y su éxito como periodista, y no me extraña en absoluto, pero me hubiera gustado conocer más recientemente a la persona extupenda que, no dudo, sería ahora. Recordando alguna de nuestras conversaciones de chavales y nuestras discrepancias sobre algunos temas, pero alabando a "mi amigo" y rezando por él, os agradezco estas palabras a vosotros que lo conociáis actualmente más que yo. Mi pésame para su familia y gracias a Nacho por lo que me enseñó en Segovia.
Juan Carlos

Raúl Cremades dijo...

No conocí personalmente a Nacho, Conchi, pero más de una vez me hablaste de él y de sus grandes cualidades como periodista. Además, acabo de conocer que también estudió con los Maristas, de quienes tan gratos recuerdos tengo. Desde la distancia me sumo a este homenaje que le brindas en tu blog y le mando un abrazo a Luis y a Marta, y mi más sincero pésame para toda su familia y sus amigos. Cuando me enteré de la noticia, también recé por él y por todo los suyos que tanto le echarán de menos.

Anónimo dijo...

Lo he sentido muchísimo. Ignacio y yo nos conocimos hace diez años, unidos por unos gustos literarios similares (Ignacio: he colocado "Pretérito imperfecto" entre dos ediciones del "Viaje al fin de la noche"). Nuestras conversaciones esporádicas han sido un regalo, y esa sonrisa de la que habláis también. Ojalá se publique su segunda novela, cuyo manuscrito me dejó leer y sobre el que hablamos la última vez que nos vimos, hace ya más de ocho años. Qué pena.