lunes, 28 de enero de 2008

Mi biblioteca

Esta mañana, nada más entrar en la casa de la cultura, donde se encuentra ubicada mi biblioteca, me han ido poniendo al día de todo lo que ha pasado durante la semana que he faltado. Una chica que quería renovar el plazo de devolución del libro que se está leyendo y no sabían si hacerlo o no, una persona que ha avisado de que uno de los libros nuevos y flamantes que han llegado a la biblioteca está mal encuadernado y se repiten páginas o faltan otras, un pandilla de jovencitos que han insultado a la persona que me sustituyó y esta casi pierde los nervios, un montón de libros encima de la mesa que no han sabido colocar en su lugar, miles de boletines oficiales sin archivar... Todo esto ya me lo esperaba (no es la primera vez) pero, como ya dije en otra entrada, esta semana me ha servido para desconectar y todo lo que me han contado hoy o como me he encontrado la biblioteca no ha servido más que para pensar que este es mi sitio y que todo lo que para otros puede ser un problema para mí es una chispa, es saber que esta biblioteca se utiliza y está viva.

2 comentarios:

Amaya dijo...

Todos tenemos nuestro sitio, nuestro hábitat, nuestro territorio.Dejamos nuestra impronta y desarrollamos nuestra labor de una determinada manera.
No somos prescincibles; aunque cuando nos ponemos enfermos y faltamos a nuestro puesto de trabajo, creamos que no van a poder sobrevivir sin nosotros.
Sin embargo, a nuestro regreso, comprobamos que aunque algo desordenado, todo sigue igual.
Eso sí, mis alumnos algo inquietos, los papeles algo desordenados... Pero, en definitiva, no somos imprescindibles. Y eso es importante para así tener la conciencia libre y despejada cuando faltamos por algún motivo en nuestro lugar de trabajo, en nuestra casa: la familia seguirá comiendo - quizás algo peor-.Pero
todo seguirá su ritmo natural.

El Hombre de la Playa dijo...

Nada como dejar, por unos dias, lo que tenemos para valorarlo mucho más.