lunes, 28 de julio de 2008

El que guarda, halla

Buscando un bolso en el sótano de mi casa me he encontrado una maquinita de tricotar de juguete que me trajeron los Reyes cuando yo era pequeña. Es amarilla y naranja y aún está nueva. Me acuerdo que cuando me la regalaron me encantó aunque con ella solo podía hacer cosas parecidas a un calcetín. Toda ilusionada se la he enseñado a mi hija que me ha mirado con cara de no entender qué es lo que me hacía tanta ilusión, con la cantidad de juguetes tan sofisticados y chulis que hay ahora. Pero esa mirada de mi hija ha servido para que me haya decicido a buscar mis muñecos y mis juguetes antiguos y poder colocarlos en una estantería todos juntos. Verán cómo así a mi hija le llaman la atención y yo disfrutaré contemplándolos y recordando...

2 comentarios:

Belén dijo...

Me parece una idea genial Conchi, yo alfinal he ido perdidolos todos, entre que los he ido dando o se han ido estropeando. Creo que solo me quda mi pequeña máquina de coser como al tuya, de estas que solo pasan un hilván. Pero que a mi me encantaba. Luego ya mi marido de novios me regáló una de verdad y la utilizo cuando tengo tiempo para hacerme algún que otro trapillo o como mañana que la usaré para ir a casa de una amiga y coserle los bajos de las cortinas.
Los juguetes que nos recuerdan los mejores momentos de nuestra niñez es una pena que se pierdan y si tu los tienes todavía me parece genial que los pongas cerca para recordarte lo bien que lo pasaste con ellos.
Por cierto acabo de leer que duermes en el sótano como los vampiros. La verdad que con el calor que hace en tu pueblo no me extraña. Pero cuando puedas pon el aire acondicionado, yo no creo que sobreviviese al verano sin él.
Besos

valle dijo...

Yo durante años guardé mis juguetes y además nuevecitos, porque procuraba cuidarlos para que me duraran, y un día los empaqué todos y los entregué para las niñas de la Casa del Niño Jesús en Sevilla, donde trabajaba mi compañera de estudios de Magisterio. Disfruté de lo lindo preparando todos aquellos juguetes para que todas las niñas pudieran tener el suyo (que ya no mío) en la mañana de Reyes. Sí que los disfrutaron, aunque en pocos minutos pude ver cómo rompían algunos de ellos. Pero me sentí feliz, a pesar de todo.
Aún conservo algún que otro que disfruto en mis estanterías. El que más me gusta es una batidora, pero del estilo de las de antes, a la que le aprietas un botoncito y ves cómo las cuchillas giran y giran como con ganas de triturar algo entre ellas (por supuesto que totalmente manual, nada de pilas ni de ningún mecanismo automático).
Tuve una maquinita de coser que mi madre, un buen día, vió a bien regalar a la niña de una vecina (creo que no llegó a jugar con ella).
En fin, juguetes sin tanta sofisticación como los de ahora, pero que bien nos hacían disfrutar de lo lindo y pasarnos horas y horas haciendo que nuestra imaginación viviera grandes aventuras.
Los de ahora no me gustan tanto, pero supongo que, como todo en esta vida, es cuestión de que los crios se van adaptando a todas las novedades que el mercado nos ofrece.