lunes, 6 de octubre de 2008

¡Ay, qué susto!

Ya sabrán por alguna otra entrada de este mi blog que la casa de la cultura es un edificio nobiliario y muy grande. La biblioteca está situada al fondo de la casa. Siempre que entro en ella voy dando los buenos días a grito limpio para no asustar a la señora de la limpieza, pero hoy se me ha olvidado (los lunes son muy malos). Cuando he llegado, la limpiadora no me esperaba y cuando ha levantado la cabeza y me ha visto ha soltado un ¡Ay, qué susto me has dado, coño! Yo le he pedido disculpas riéndome mientras ella seguía echándome la bronca por no haber entrado haciendo más ruido. Al final ha terminado con una sonrisa en la boca culpando a este casilicio y hablándome de la temperatura que hace esta mañana. Por supuesto, a partir de ahora no creo que se me olvide nunca más entrar en esta casa tocando las palmas si es necesario...

1 comentario:

El hombre invisible dijo...

PLAS, PLAS, PLAS, PLAS...

(No es nada, Conchi. Es que toco palmas para que no te asustes de mi comentario)